La escritura de este ensayo está sembrada de indagaciones por la memoria de los muertos, por las voces casi-casi inaudibles de los fantasmas y por las evocaciones de aquellos que han testimoniado, en su carne, todo el dolor del mundo. La autora invoca a presencias espectrales que son portadoras de ‘otras’ memorias, –esas que importa rescatar del olvido conveniente de las instituciones y la historia–; dialoga con los cuerpos que han servido de superficie epidérmica para la gesta horrorosa de una violencia extendida por los territorios latinoamericanos y, por último, propone una lectura crítica y atenta sobre el papel crucial de los archivos en nuestra comprensión del presente.