No es un libro para demostrar que el demonio existe, ni que Dios interviene en los asuntos humanos, es una crónica sobre la historia de gente que sí creyó que esas fuerzas eran reales.
Chile está cruzado por una guerra que no aparece en los libros de texto. No tiene trincheras ni partes de batalla. Es más antigua que la República y más profunda que las constituciones. Es un conflicto real, tenaz y subterráneo, que ha dejado heridas en la historia nacional que aún no cierran del todo. Es la guerra entre Dios y el diablo, librada en el cuerpo mismo del país.
De la Quintrala a Sor Teresa de Los Andes. Rituales sangrientos en la colonia, antiguos informes de exorcismo, testimonios de milagros, actas secretas de logias masónicas, brujería chilota o sesiones espiritistas.
El relato del frágil equilibro de la balanza entre el bien y el mal ha sido siempre frágil. Y en medio de esta guerra, hay una continuidad, una presencia que parece indicar que, a pesar de todo, este país no ha sido abandonado del todo por la gracia.