Siembra de cristal recupera la memoria de un trabajador de la Industria Azucarera Nacional, Iansa. Don Vicente Ferrer, padre de la narradora, «estuvo en la fábrica más del 75 % de su vida. Su ropa olía a eso: no precisamente a azúcar, sino a lo que viene antes, al proceso que permite que el azúcar exista». El duelo de la hija se abre a la reconstrucción de una experiencia colectiva y que hoy parece en extinción: un país que intentaba sustituir las importaciones con industrias nacionales, las fábricas que creaban no solo puestos de trabajo, sino poblaciones completas a su alrededor. Desde un presente muy distinto, la autora recoge testimonios, visita los lugares transformados y ensaya una crónica íntima de ese proceso histórico, a partir de un caso particular: las familias que, como la suya, crecieron en torno al azúcar.